Influencia con Respeto

Parece obvio la verdad escrita arriba, pero muchas veces tratamos de controlar a las personas en nuestro alrededor o convencerles de algo sin darnos cuenta que la motivación para cambiar una actitud o un comportamiento nace dentro de la persona. Esta verdad de la psicología nos ayuda a respetar el proceso interno de cada persona evaluar sus actitudes o su comportamiento. Esta verdad es clave para el respeto mutuo entre la pareja o entre padres e hijos. Un hijo puede obedecer a su padre sin que se cambie su corazón. Aún los que son menores de edad llegarán a sus propias conclusiones sobre la vida y el padre toca aceptarlo.

Esto no quiere decir que no tenemos influencia con nuestra pareja o con nuestros hijos. Podemos modelar, motivar y afirmarlos en la direccion que queremos. Podemos razonar el uno con el otro y compartir nuestros deseos y creencias, pero ahí está el limite de lo que podemos hacer.

También en la iglesia, tratamos de convencer a los de más que necesitan el evangelio; que necesitan a Dios en su vida, sin respetar el proceso interno necesario para que haya un cambio de creencias o de comportamiento. La clave está en respetar el proceso de cada uno y el libre albedrío de cada uno. El Espíritu de Dios y la palabra viva y eficaz de las escrituras obran dentro de la persona en el proceso interno para traer cambios. Los cambios que hacen el Espíritu Santo y la palabra de Dios son genuinos, auténticos, personales y permanentes. Entonces, debemos dedicarnos a modelar el evangelio, animar y motivar a los demás de manera positiva y respetar el proceso interno de cada uno. Así podemos dejar espacio para que obre el Espíritu Santo.

Ahora bien, Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios.1 Coríntios 2:10.

 Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos,[a] y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón. – Hebreos 4:12.

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