Recientemente, escuché un sermón interesante sobre las muchas maneras de compartir el evangelio. Me picó el interés que la mayoría de los cristianos tienen la tendencia de compartir el evangelio empezando con el punto teológico que todos somos pecadores y necesitamos un salvador. Aunque yo comparto la creencia en ese punto teológico, muy pocas personas identifican con esa verdad y responden al evangelio. Seamos honestos, no es muy atractivo pensar que somos pecadores y mucho menos pensar que necesitamos alguien que nos salva. El pastor explicó que las escrituras están llenas de otras maneras válidas de compartir el evangelio.
Entre todas las opciones, me gustó mejor la ilustración de que todos necesitamos ser sanados y Cristo nos sana. Nadie tiene problemas con aceptar que todos tenemos corazones heridos, que somos víctimas de injusticia, abuso, agresión, abandono y que hemos sido violados emocionalmente de muchas maneras. Cristo está listo para sanar nuestras heridas y solo tenemos que recibir sanacion.
¿Cómo ha sido sanado tu corazón? ¿Qué hizo Cristo para sanarte? Cuéntalo a un amigo o a un familiar hoy y tal vez ellos también permitirán al Gran Médico a ver sus heridas.
Restaura a los de corazón quebrantado y cubre con vendas sus heridas. – Salmo 147:3
Convertiste mi lamento en danza; me quitaste la ropa de luto y me vestiste de fiesta… – Salmo 30:11
Los justos claman, y el Señor los oye; los libra de todas sus angustias. El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido. – Salmo 34:17-18
Parece obvio la verdad escrita arriba, pero muchas veces tratamos de controlar a las personas en nuestro alrededor o convencerles de algo sin darnos cuenta que la motivación para cambiar una actitud o un comportamiento nace dentro de la persona. Esta verdad de la psicología nos ayuda a respetar el proceso interno de cada persona evaluar sus actitudes o su comportamiento. Esta verdad es clave para el respeto mutuo entre la pareja o entre padres e hijos. Un hijo puede obedecer a su padre sin que se cambie su corazón. Aún los que son menores de edad llegarán a sus propias conclusiones sobre la vida y el padre toca aceptarlo.
Esto no quiere decir que no tenemos influencia con nuestra pareja o con nuestros hijos. Podemos modelar, motivar y afirmarlos en la direccion que queremos. Podemos razonar el uno con el otro y compartir nuestros deseos y creencias, pero ahí está el limite de lo que podemos hacer.
También en la iglesia, tratamos de convencer a los de más que necesitan el evangelio; que necesitan a Dios en su vida, sin respetar el proceso interno necesario para que haya un cambio de creencias o de comportamiento. La clave está en respetar el proceso de cada uno y el libre albedrío de cada uno. El Espíritu de Dios y la palabra viva y eficaz de las escrituras obran dentro de la persona en el proceso interno para traer cambios. Los cambios que hacen el Espíritu Santo y la palabra de Dios son genuinos, auténticos, personales y permanentes. Entonces, debemos dedicarnos a modelar el evangelio, animar y motivar a los demás de manera positiva y respetar el proceso interno de cada uno. Así podemos dejar espacio para que obre el Espíritu Santo.
Ahora bien, Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios. – 1 Coríntios 2:10.
Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos,[a] y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón. – Hebreos 4:12.
¿Qué te controla? ¿Emociones? ¿Sustancias? ¿Hábitos? ¿Otras personas? Para poder vivir en libertad tenemos que eliminar las cosas que nos controlan. En algún momento, a propósito o sin querer, hemos permitido que seamos controlados. Hay cosas or hábitos o sustancias que hemos dado mayor importancia en muestra vida que Dios. Cuándo entregamos nuestra vida totalmente a Dios, Él nos hace libres por que solo Él ha pagado el precio de nuestros pecados. El nos salva para hacernos libres.
Manténganse, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no se sometan otra vez al yugo de la esclavitud. – Gálatas 5:1
12 La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que las espadas de dos filos, pues penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Todo ser viviente, que sea planta o animal, vibra con vida. Cuando Dios sopló en su nariz aliento de vida, Adán fue un ser viviente (Génesis 2:7). Sonidos, emociones y aún nuestros pensamientos son hechos de vibraciones. Tal cómo aprendimos en el químico, todo que existe está hecho de átomos y ese átomos están en movimiento. De hecho, la velocidad con que vibran los átomos determina si el objeto es líquido, sólido o vapor.
Cáda órgano del cuerpo tiene una frecuencia. Hasta nuestros huesos vibran y tiene movimientos o vibraciones. Cuando un órgano del cuerpo está enfermo, deja de producir la onda de sonido necesaria para sostener la salud. Hasta hay profesionales de salud que piensan que hay frecuencias que promueven la salud en el cuerpo y hay frecuencias que no promueven la salud.
Dra. Caroline Leaf en su libro, Enciende Tu Cerebro, explica que podemos cambiar nuestra salud, y el paisaje de nuestro cerebro con el poder de nuestros pensamientos. Pensamientos, palabras y emociones positivas pueden cambiar nuestra salud. En el estudio de física cuántica han podido medir las vibraciones en el cerebro. Han visto una diferencia en la actividad en el cerebro cuando una persona siente gratitud o amor; tiene una vibración más alta. En cambio cuando una persona siente ira, falta de perdón o abandono tiene frecuencias más bajas. Más vibración se interpreta a más vida, energía y salud.
La Biblia nos dice que la palabra de Dios es viva y poderosa; es la misma palabra con que Dios hizo el mundo. Entonces Dios es vida. Dios es el autor de la vida, y su palabra tiene poder y una vibración especial. Una traducción dice que la palabra de Dios es “quick” o sea rápida o eficaz.
Entonces, para tener una vida óptima debemos promover pensamientos de gratitud y amor. Si queremos tener una vida impactante en este mundo tenemos que modificar nuestros sentimientos, nuestras palabras y nuestros pensamientos. No estoy diciendo que si pensamos de manera positiva, no va a ver enfermedad; que nada malo ni triste va a pasar en nuestra vida. Pero, podemos vibrar con amor y gratitud sanando nuestras propias heridas. Con nuestras palabras y acciones de amor podemos ayudar a otros sanar sus heridas.
Podemos empezar a meditar en la palabra de Dios, permitiendo que se penetre a nuestro corazón y mente. Que la vibración de la palabra nos sacie, nos sane y nos dé poder para vivir.
Juan 1:1-5
1 En el principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba con Dios, y Dios mismo era la Palabra. 2 La Palabra estaba en el principio con Dios. 3 Por ella fueron hechas todas las cosas. Sin ella nada fue hecho de lo que ha sido hecho. 4 En ella estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. 5 La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.
Referencias
La Reina Valera Contemporánea. (2009). Sociedades Bíblicas Unidas.
Leaf, C. (2017). Enciende tu cerebro (Spanish Edition) (Illustrated ed.). Baker Books.